domingo, 27 de marzo de 2022

02. “EL SEGUNDO ÁNGEL DE APOCALIPSIS” EL TRIPLE MENSAJE.

8 Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación. (Apocalipsis 14).

8. OTRO ÁNGEL. Los MSS presenta diversas variantes de esta frase. Sin embargo, la evidencia textual se inclina por el texto "otro segundo ángel".

Le siguió. Gr. aklouthéÇ, "acompañar", "seguir"

(ver Mat. 19:27-28; Mar. 1:18, donde la palabra tiene la idea de acompañar personalmente a Jesús). Parece tener ambos significados en este versículo.

Cronológicamente, el segundo ángel sigue al primero, pero también es cierto que el primer ángel continúa su ministerio cuando el segundo ángel se le une. En ese sentido el mensaje del segundo ángel acompaña al del primero.

Diciendo. Los mensajes del primero y el tercer ángel son proclamados con "gran voz" (ver. 7, 9). El mensaje relativo a la caída de Babilonia se proclama más tarde con "voz potente" (ver com. cap. 18:1-2).

Ha caído, ha caído. Mejor, "cayó, cayó". Algunos MSS omiten la repetición del verbo, pero la evidencia textual establece su presencia. El pasaje parece ser un eco de Isa. 21:9, que en hebreo repite el verbo, pero que en algunos MSS de la LXX lo pone una sola vez. La repetición hace más enfático el mensaje.

Babilonia es un término abarcante que Juan utiliza para describir a todas las organizaciones y los movimientos religiosos que han apartado de la verdad. Este hecho nos obliga a considerar esta "caída" como progresiva y también acumulativa.

Esta profecía de la caída de Babilonia ha hallado su cumplimiento en el alejamiento de la pureza y sencillez del Evangelio que se ha generalizado en el protestantismo (ver com. Apoc. 14:4).

El mensaje de que cayó Babilonia fue predicado por primera vez por el movimiento adventista de los mileristas entre junio y agostos de 1844, y se aplicó a las iglesias que rechazaban el mensaje del primer ángel en cuanto al juicio (ver com. vers. 7).

Este mensaje tendrá una creciente aplicación a medida de que se acerque el fin, y se cumplirá plenamente con la unión de diversos  843 elementos religiosos bajo la dirección de Satanás (ver com. cap. 13: 12-14; 17: 12-14).

El mensaje del cap.18:2-4 anuncia la caída completa de Babilonia y exhorta al pueblo de Dios que aún está esparcido en las diversas organizaciones religiosas que componen a Babilonia, a separarse de ellas.

Babilonia. La antigua ciudad llamada Babilonia hallada en ruinas y desolación en los días de Juan (ver com. Isa. 13:19). Como sucede con muchos otros términos y expresiones de Apocalipsis, la importancia de este nombre (ver com. Hech. 3:16) puede entenderse mejor si se considera el papel histórico que desempeño en los tiempos de AT (ver pp. 879-882; com. Isa. 47:1; Jer. 25:12; 50:1; Eze. 26:13; Apoc. 16:12,16; Nota Adicional com. cap. 18).

La designación "misterio: Babilonia" (cap. 17:5) específicamente identifica el nombre en forma figurada (ver com. Rom. 11:25; Apoc. 1:20; 17:5; cf. com. cap. 16:12).

Bab-ilu (Babel o Babilonia) significa en el idioma babilónico "puerta de los dioses"; pero los hebreos despectivamente lo asociaban con balal, palabra que en su idioma significaba "confundir" (ver com. Gén. 11:9).

Los gobernantes de Babilonia sin duda llamaron a su ciudad "puerta" de los dioses porque deseaban considerarla como el lugar donde los dioses se relacionaban con los hombres para dirigir los asuntos de la tierra (ver com. Juec. 9:35; Rut 4:1; 1 Rey. 22:10; Jer. 22:3); por lo tanto, este nombre parece haber reflejado la pretensión de los reyes babilónicos de que habían sido comisionados para gobernar el mundo por mandato divino (ver t. II, p. 161; PP 112; com. Gén. 11:4).

Babilonia fue fundada por Nimrod (ver com. Gén. 10:10; 11:1-9). La ciudad fue desde el principio emblema de incredulidad en cuanto al verdadero Dios y desafío de su voluntad (ver com. Gén. 11:4-9), y su norte fue un monumento de su plan maestro para obtener el control de la raza humana, así como Dios se proponía actuar por medio de Jerusalén (ver t, IV, pp. 28-32).

Por esta razón, durante los tiempos del AT las dos ciudades simbolizaron, respectivamente las fuerzas del mal y del bien que obraban en el mundo. 

Los fundadores de Babilonia intentaron establecer un gobierno enteramente independiente de Dios, y si él no hubiese invertido, finalmente hubieran logrado desterrar la justicia de la tierra (PP 115; cf. com. Dan. 4:17).

Entonces Dios decidió que era necesario destruir la torre y esparcir a sus constructores (ver com. Gén. 11:7-8). Después de un período de éxito transitorio siguió otro de más de mil años de decadencia y sujeción a otras naciones (ver t. I, pp. 144-145; t II, p. 94; com. Isa. 13:1; Dan. 2:37).

Cuando Nabuconodosor II reconstruyó a Babilonia, ésta llegó a ser una de las maravillas del mundo antiguo (ver Nota Adicional de Dan. 4).

Su plan de que su reino fuera universal y eterno (ver com. Dan. 3:1; 4:30), tuvo éxito hasta cierto grado, pues en esplendor y poder el nuevo Imperio Babilónico sobrepujó a sus predecesores (ver t. II, pp 94-96; com. cap. 2:38-38; 4:30); sin embargo, también llegó a ser la orgullosa y cruel opresora (ver Ed 171). Conquistó al pueblo de Dios y puso en peligro el propósito divino para este pueblo. Pero Dios humilló a Nabuconodosor con una dramática serie de acontecimientos, y sometió su voluntad (ver t. IV, pp. 779-780).

Pero sus sucesores se negaron a humillarse delante de Dios (Dan. 5:18-22), y finalmente Babilonia fue pesada en las balanzas del cielo y hallada falta, y el reino fue "roto" por el decreto del Vigilante divino (ver com. Dan. 5:26-28).

Babilonia fue durante cierto tiempo la capital del Imperio Persa, pero fue destruida por Jerjes (cf. t. III, pp. 459-460). A través de los siglos la ciudad gradualmente fue perdiendo su esplendor e importancia, hasta que a fines del siglo I d. C. virtualmente dejó de existir (ver Isa. 13:19; Apoc. 18:21).

Desde la caída de la antigua Babilonia Satanás siempre ha procurado regir el mundo por medio de diferentes potencias, y probablemente lo hubiera logrado hace mucho de no ser por las repetidas intervenciones divinas (ver com. Dan. 2:39-43).

Su tentativa más audaz y que casi logró completo éxito fue hecha, sin duda, por medio del papado, especialmente durante la Edad Media (ver t. IV, p. 863; com. Dan. 7:25).

Pero Dios ha intervenido para evitar el triunfo de todas las subsiguientes amenazas al cumplimiento final de sus propósitos (cf. Apoc. 12:5,8,16), y por eso las naciones nunca han podido "pegarse" 844 la una con la otra (ver com. Dan. 2:43).

El mal contiene el germen de la división; pero cerca del fin del tiempo se permitirá que Satanás logre una unión que por un corto período parecerá ser un completo éxito.

(Ver com. Apoc. 16:13-14, 16; 17:12-14).

A fines del siglo I d. C. los cristianos ya se referían a la ciudad y al Imperio Romano con el nombre críptico de Babilonia (ver com. 1 Ped. 5:13).

En ese tiempo la ciudad de Babilonia, una vez esplendorosa, yacía en ruinas casi totalmente; era un lugar deshabitado, un verdadero símbolo de la suerte que le espera a la Babilonia espiritual de los últimos días.

Los judíos sufrieron intensamente bajo la mano despiadada de Roma (ver t. V, pp. 70-71; t. VI, p. 89) así como habían sufrido bajo Babilonia, y los cristianos también sufrieron repetidas persecuciones a manos de Roma (ver t. VI, pp. 62-63, 85-86, 89). Por esto, tanto para los judíos como para los cristianos el nombre Babilonia llegó a ser un término apropiado y acusador para describir a la Roma imperial.

El nombre "Babilonia" aparece con frecuencia como una clave en los primeros siglos del cristianismo, en la literatura judía y cristiana, para referirse a la ciudad de Roma y al Imperio Romano.

Por ejemplo, el libro V de los Oráculos sibilinos, una obra judía seudoepigráfica que data de alrededor del 125 d.C. (ver t. V, p. 90), presenta algo que tiene el propósito de ser una profecía de la suerte de Roma, estrechamente paralela con la descripción de la Babilonia simbólica del Apocalipsis.

Habla de Roma como de una "ciudad impía" que ama la "magia", se deleita en "adulterios" y tiene "un corazón sanguinario y una mente impía".

El escritor observa que "muchos fieles santos de los hebreos han perecido" a manos de ella, y predice su desolación final: "En viudez te sentarás en tus riberas . . . Pero tú has dicho, soy única, y ninguno traerá sobre mí la ruina; pero ahora Dios . . . te destruirá a ti y a todos los tuyos" (líneas 162-179; cf. Apoc. 18:5-8).

En 2 Baruc, otra obra seudoepigráfica del siglo I o II d. C., el nombre Babilonia se usa para referirse a Roma como lo hace el Apocalipsis (cap. 11:1-3). Y el escritor del Midrash Rabbah judío, en el comentario de Cant. 1:6, dice: "el lugar de Roma lo llamaron Babilonia".

Tertuliano, que vivió a fines del siglo II, declara específicamente que el término Babilonia se refiere en el Apocalipsis a la ciudad capital de la Roma imperial (Contra Marción iii. 13; Respuesta a los judíos 9; ver también Ireneo, Contra herejías v. 26. 1). 

"Edom" era otra designación en clave que aplicaban a Roma los judíos de los primeros tiempos del cristianismo (ver Midrash Rabbah, com. Cant. 1:6, p. 60; Talmud Makkoth 12a).

Por lo tanto, Babilonia ha sido reconocida literal y simbólicamente desde hace mucho como la enemiga tradicional de la verdad y del pueblo de Dios.

BABILONIA, como se usa en el Apocalipsis, simboliza desde la antigüedad hasta el fin del tiempo a todas las organizaciones religiosas apóstatas y a sus caudillos (ver com. cap. 17:5; 18:24).

Una comparación de los muchos pasajes del AT donde se exponen detalladamente los pecados y la suerte de la Babilonia literal, demuestra cuán apropiada es la aplicación figurada de este nombre. (Ver com. Isa. 47:1; Jer. 25:12; 50: 1; Apoc. 16:12-21; 17; 18; ver Nota Adicional del cap. 18).

Un examen de éstos y otros pasajes revela también la importancia de un estudio cabal del AT respecto a la Babilonia literal como un marco histórico para comprender la importancia de los pasajes del NT que se refieren a la Babilonia simbólica.

La gran ciudad. El adjetivo "grande" se aplica a Babilonia en todo el libro de Apocalipsis. (Cap. 16:19; 17:5,18; 18:2,10,21).

Beber. Símbolo que describe la aceptación de las falsas enseñanzas y la política de Babilonia. "Ha hecho beber a todas las naciones" sugiere que se emplea la fuerza. Elementos religiosos presionarán al Estado para que éste imponga sus decretos por la fuerza.

Todas las naciones. Una descripción de los alcances universales de la apostasía.

La sustitución de las leyes de Dios por leyes humanas y la sanción de decretos religiosos de parte del Estado, llegará a ser general.

 (ver com. cap. 13:8; cf 2JT 373-374; 3JT 46, 143).

Vino del furor. Esta figura tal vez proviene de Jer. 25:15, donde se le ordenó a este profeta: "Toma . . . la copa del vino de este furor, y da a beber de él a todas las naciones".

Al ofrecer su vino a las diversas naciones, Babilonia no tiene el propósito de causar furor, pues ella afirma que el beber de su vino traerá paz a las naciones (ver com. Apoc. 13:12); sin embargo, beber de él traerá sobre las naciones la ira de Dios.

Algunos sugieren que la palabra que se traduce "furor" (thumós) debe traducirse "pasión".

El 845 pasaje entonces podría traducirse: "ella ha hecho beber a todas las naciones del vino de su inmoralidad apasionada".

Pero en otros pasajes del Apocalipsis thumós parece tener el significado de "ira", y "furor", y es probable que aquí también deba adaptarse este significado.

Fornicación. Simboliza la relación ilícita entre la iglesia y el mundo, o entre la iglesia y el Estado. La iglesia debe estar casada con su Señor; pero cuando busca el apoyo del Estado, abandona a su legítimo marido, y mediante su nueva relación, comete fornicación espiritual. Cf. com. Eze. 16:15; Sant. 4:4. 7CBA


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